Sin sentido

No sé cuándo me convertí en un pozo, o en un contenedor en el que todas las empresas lanzan sus productos sin más, para ver si pico, cual pez en el agua o para cumplir sus deseos (que compre, vamos).

Ni siquiera sé cuándo me quise convertir en otra imagen de mí, queriendo ser como una de esas personas no reales que te muestra el Instagram, mujeres guapas, delgadas, sexys, que van a la moda...(la inteligencia en una foto no se aprecia)

Paso el dedo imagen tras imagen en mis escasos tiempos libres, para ver mujeres en la calle, vestidas, posando para una foto que no tiene momento tras de sí, y me pregunto, desde cuándo la vida de las demás personas se ha convertido en un escaparate en el que todo lo que ves está en venta, incluso te diría, que en muchos casos hasta lo que no ves.

Tanto quien ofrece como quien cede a vender su alma, debe de ser consciente que la felicidad no es barata, sin embargo, es fácil adquirirla si la ves con los ojos del corazón y no de la sociedad y de la billetera.

Cuando vi el potencial que podía tener un móvil con internet, no cabía el saber que el 99% sería publicidad que me meten por el ojo, de manera gratuita, y que causan en mi una necesidad de tener algo que no necesito, válgame la redundancia.

Y no lo necesito ni ahora, en plena pandemia en la que no puedo salir ni disfrutar al aire libre, ni cuando podía, porque no sé si por ser mamá, pero esos momentos sociales de risa sin sentido se han visto mermados de manera descomunal, haciéndolos más extraños que un fin de año sin uvas. Y en el caso de que los tenga, la ropa no es tan importante como las personas con las que elijo invertir mi tiempo.

Llevo tiempo quejandome de mis segundos libres, de mi falta de momentos y de mi agonía por tenerlos, y sin embargo, malgasto dichos minutos con situaciones tan absurdas como contemplar una mini pantalla en la que miles y millones de personas han puesto cosas para que yo vea, sin mi permiso, haciendo una violación obscena no consentida de mis ojos, mi cerebro, mi corazón y manipulando mi alma, para crear deseos por algo que no se consigue más que a golpe de tarjeta, y solo quien tenga dicha cantidad para pagarlo.

¿Hasta donde hemos llegado?
Si consigo recordar lo que eramos sin móviles podría deciros, que eramos más listos que ahora, aún teniendo la información a golpe de click y que nuestro tiempo estaba mejor empleado que desgastando nuestras huellas dactilares cual borregos guiados por mastín.


Sin embargo, pienso eliminarme de las redes, y como adicta que soy, pienso en esos momentos en los que mis vacíos se llenan de algo, sin tener que esforzarme más que en mantener los ojos abiertos, y mi cerebro me dice 'no lo hagas, lo echarás de menos'...y así se queda, hasta que vuelva a llegar la consciencia de la realidad como un bucle o espiral de la idiotez, en la que he caído, sin remedio alguno más que reconocer que a veces, soy consciente de la realidad, para parecer que soy menos borrega que los demás, pero desgraciadamente demostrando a través de mis palabras que estoy sumida en la borreguez como otro cualquiera.

Dicho esto, como desahogo de mi pozo, saco la cabeza para tomar aire y vuelvo a meterla, ya que ¿Acaso no soy libre de elegir? He elegido...o habrán elegido ellos por mí...ya no sé cuál es el caso.

Un abrazo.

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