miércoles, 31 de julio de 2019

LA FLORA

LA FLORA, con mayúsculas, porque siempre destacaba, era una mujer con una energía envidiable, a pesar de no ser muy moderna de ropa, lo era de espíritu, llamaba la atención por donde iba como si vistiera con cascabeles...

La recuerdo siempre sonriendo, siempre de buen humor, cantando, charlando, preguntando, pensando...LA FLORA era muy cómica, le gustaba actuar para los abuelillos para hacerles la tarde en el hospital más llevadero...no tenía vergüenza ni falta le hacía, los años de "pescatera" que es como se dice en Castro Urdiales, vendiendo pescao en un carro mas 5 hijos había hecho de ella una mujer sin barreras ni complejos, y eso, lo quieras que no, llamaba la atención y más en esa época). de vender el pescao, cosía las redes, cuidaba a 5 hijos, en fín, un poco de todo, o mejor dicho un mucho...labores y carácter envidiables...

Se apuntaba a todas, en el campamento familiar que íbamos era la cocinera, y todo el mundo la quería muchísimo, por Castro la conocía todo el mundo...se iba parando por las calles uno con otro, dando besos, preguntando, charlando de todo en general...y yo le decia "¡abueeeeeeeeeeela, vaaaaaaaaaaamos, que pesada! y ella ya tenía qué más decir... "esta es mi nieta la mayor, la de Madrid, la de Pedrito, el mayor también, que se viene aquí todo el verano, y hemos bajado a hacer unos recados...si, ahora ya tenemos, voy a a hacer arroz....", y yo entornaba los ojos en blanco, y pensaba "Madre del amor hermoso".

Antes de contaros más recuerdos con LA FLORA, os voy a contar algo de su entierro...Habéis visto BIG FISH? La película en la que el abuelo, dice conocer a gente muy extraña, a mucha gente de todo lo que le ha pasado en la vida, y que no se cree nadie que sea verdad...y el día que fallece se dan cuenta que todos existían?, eso me pasó con mi abuela, el día que subimos a la Santa María, y vi que no cabía un alma, todo lleno de coches y de gente, no se podía andar...yo me había aguantado ya muchas lagrimas, y me vino esa película, y pensé..."¡que cabrona! era verdad!!" y ya me eché a llorar y me desahogue agusto...Madre mía con LA FLORA, pues sí que conocía a " to kiski", pero no solo abuelos, gente de todas las edades, desde los recién nacidos a la senectud, aquel entierro estaba plagado de vidas y personas totalmente distintas, y es que mi abuela era polivalente, vamos, que valía para todo.

LA FLORA era de esas amigas fieles, que se preocupaba por todos, me decía, nena, tráeme la agenda, y de la A a la Z empezaba a leerla para ver si tenia que llamar a alguien que había enfermado, o por lo que fuera, y dedicaba mucho tiempo a decir a sus amigos que los quería, que los escuchaba y que estaba ahí...

Al ser tan polivalente como no, tenía que saber coser, arreglaba faldas, bajos, forros, hacia punto, crochet...nada se le resistía, tengo todo lo que me dejó, hilos, enaguas, agujas...cuando abro el baúl de todas las cosas que tengo de mi abuela, además de oler a ella y emocionarme, me doy cuenta de que guardaba cada botón, cachito de tela, goma, cremallera que le sobraban...y que gracias a eso ahora tengo de todo, como en una tienda china, y además, me doy cuenta, que eso también lo hago yo, aprovechar cosas que se pueden tirar, y me hace risa pensar cómo mola la genética...

LA FLORA también pertenecía a "Las mujeres de la Atalaya" y se iba a cantar y a reunirse con ellas, era un torbellino, también estaba apuntada a natación, y ganó medallas y diplomas, siempre con reconocimientos...en lo último que la vi metida, era que se metió a clases de matemáticas e historia, yo me quedaba loca, repasaba con ella las multiplicaciones, y las divisiones...(ya sabía ella hacer las cuentas, no sé porqué se metió ahí), y en sus cuadernos de historia pasaba los apuntes a limpio y le decía a mi tio..."Jesus Mari, imprime esta iglesia de no se dónde", y la recortaba y la pegaba para ilustrar sus apuntes...LA FLORA era la caña...

A mi me hizo muchos disfraces, y al resto de nietos, siempre estaba haciendo cosas, o cosía, o cocinaba o se iba con las de la Atalaya, o se iba a tres campamentos seguidos...
Cuando bajaba a la playa, se bajaba con mi abuelo Pedro..."Pedro, coge la silla y bajamela, y para las 14 hrs. vienes a recogerme", y así se bajaba como una reinona, no hacía falta móvil ni nada.

Gracias a LA FLORA tuve mucha libertad en Castro Urdiales, fue por ello que viví tantas historias y porqué me conozco también yo a todo kiski, fue por ello por lo que me siento de ahí, y he vivido todo como un chiquillo más, mi infancia, mis veranos, navidades, semana santa...todo lo que he vivido es Castro es lo mejor que me ha podido pasar en mi infancia, y estoy muy orgullosa de sentirme Castreña.

Mi abuela cuidaba de todos los nietos, somos 5 primos y la casa de la abuela también era punto de reunión, ha criado hasta a niños que no eran de la familia, amigos, vecinos...siempre había sitio para todos,,,me encantaría ser tan generosa como mi abuela, sé que ademas de parecerme a ella físicamente (bastante), sé que cosillas tengo y que la gente me ve y me dice, eres la viva imagen de tu abuela, tu sonrisa, o mi payasez (no creo que exista esta palabra pero me entendéis perfectamente).

Cuando subo a Castro pienso en ella mucho, vamos a verlos a los dos (pobre Pedrito, no cascabeleaba tanto como ella), mi Tía MariJose y yo, ya es una tradición, nos ponemos un poco moñas y nos ponemos al día...me hubiera encantado que mis abuelos hubieran conocido a Vega, a mi abuelita le hubiera encantado hacerla trajes y darle comidas ricas...

Hay muchas historias de LA FLORA, algún día compartiré mas de ella, hasta aquí queda su página esta vez...

Soy muy Floris yo...


lunes, 29 de julio de 2019

EL MORO

Mi abuelo el Moro, Agustín, era el marido de la Tita...hacían un tándem perfecto, era un currante, había muchas bocas que alimentar y no había otra...

El Moro no sólo era padre de sus hijos, también lo era de sus nietos, y así le veíamos, al menos yo...siempre les decía que me tenían que meter en el libro de familia de tanto que estaba ahí en su casa, de hecho, a veces venia un fotógrafo a actualizar la foto de familia y ahí estaba yo siempre, me daba envidia de que a mi no me sacaran la foto junto a los demás, así que alguna que otra foto hay conmigo, porque como para decirme que no....

Recuerdo a mi abuelo algo más serio que la Tita, pero con una presencia patriarcal que imponía, todos teníamos respeto al Moro, y le obedecíamos, si en algún momento nos volvíamos bacilones sacaba la zapatilla, se ponía en su esquina del sofá, todos sabíamos cual era su esquina del sofá y se respetaba, y si teníamos que huir por la puerta teníamos que pegar el culo a la pared para que no llegara con la zapa...ese estrecho era ¡¡el más temido de todos!!

Recuerdo a mi abuelo haciendo con cuerda el taburete de la cocina, en el que me sentaba a desayunar, o una gran silla cuadrada, en la terraza, trenzaba y pegaba con cola, dibujando una textura similar a los campos arados, lo apretaba, y yo le miraba las manos, arrugadas, con ampollas duras y alguna que otra astilla...¿no te duele abuelo?, le preguntaba...no, esto ya esta duro de trabajar y de la azada...me decía...

Con mi abuelo tengo otros recuerdos, recuerdo los domingos, que nos llevaba a misa, y luego nos daba un paseo hasta el polideportivo, nos cantaba la canción de "todos los patitos", y comíamos chucherías, caminando tras de el, precisamente como patitos...luego llegábamos a casa, los domingos tocaba paella, y la abuela a mi me la sacaba antes, porque me gustaba más blandita y aguada...a las dos comíamos, no había nada más rico que la paella del domingo de mi abuela Tita...

Mi abuelo a veces nos llevaba a por palodú, una raíz de palo dulce que se chupaba y se supone que sabía bien, te dejaba los dientes amarillos pero molaba chuparla...te la pelaba con su navaja inseparable y tu creías que eso era el mejor manjar...casi siempre íbamos a un sitio, no sé si sería el Cerro del Mosquito, ya sabéis... las distancias en coche de pequeños se hacen igual de largas sean cuales sean.

Dicho sitio, tenía un árbol llorón cerca, sus ramas habían formado una cabaña natural en la que nos metíamos para jugar a las casitas, mientras otros cavaban la tierra...íbamos los primos mayores y siempre había algo que hacer, es curioso ver toda la libertad que teníamos entonces, sin miedos a caernos, a clavarnos algo...y ahora con mi hija tengo miedos que no se de donde los he sacado, espero que se vayan y que la permitan ser tan libre como yo me he sentido siempre....

A el Moro le gustaba jugar al dominó, no se cansaba, tenía hasta el cristal de la mesa rayado, y había muchas tardes que nos sentábamos a jugar, una hora de juego caía casi siempre...recuerdo el cris cras al mezclar las fichas, y que me encantaba ganarle (imagino que me dejaba) y me sentía genial al vencer a un mayor.

El Moro también tenía dentadura, le gustaba comer panceta bien frita, y cortaba las cortezas para no comerlas, eso me tocaba a mí, me encantaba quedarme con las cortezas de la panceta, y cuando terminaba su botellín de Mahou, yo lo llevaba a la cocina y de camino me tomaba el último culin de cerveza (no quiero quitar glamour a la historia pero todos sabemos que ese ultimo sorbo no tiene precisamente mucha cerveza que digamos, otra cosa más bien...)

A mi abuelo le gustaba la escarola, muy fuerte con ajo y vinagre (creo que me gusta así por él), el liquido que sobraba, muchas veces le ví que se lo echaba en un vaso, y "pa dentro", eso ya, he sido incapaz de hacerlo, pero reconozco que un barquillo de pan si que he probado mojado en él.

Tirando de memoria, también recuerdo al moro afilando cuchillos y su navaja, con una piedra que teníamos en el armario de la cocina, pesaba un quintal, y cuando me la pedía se liaba ahí zis zas, zis zas y dejaba todo como nuevo.

Mi abuelo el Moro, para mi ha sido un padre más, he tenido la suerte de tener dos padres y dos madres, se fueron, y como siempre pasa, hasta que no lo pierdes no le das el valor a lo que has tenido, he ido muy a mi bola ya de joven, y he vivido poco con ellos cuando ya era adolescente, pero lo que pienso es que gracias a que me cuidaron y que me criaron, gracias a que también me educaron y me aguantaron, tengo miles de recuerdos tan bonitos o más de los que os acabo de contar.