lunes, 29 de julio de 2019

EL MORO

Mi abuelo el Moro, Agustín, era el marido de la Tita...hacían un tándem perfecto, era un currante, había muchas bocas que alimentar y no había otra...

El Moro no sólo era padre de sus hijos, también lo era de sus nietos, y así le veíamos, al menos yo...siempre les decía que me tenían que meter en el libro de familia de tanto que estaba ahí en su casa, de hecho, a veces venia un fotógrafo a actualizar la foto de familia y ahí estaba yo siempre, me daba envidia de que a mi no me sacaran la foto junto a los demás, así que alguna que otra foto hay conmigo, porque como para decirme que no....

Recuerdo a mi abuelo algo más serio que la Tita, pero con una presencia patriarcal que imponía, todos teníamos respeto al Moro, y le obedecíamos, si en algún momento nos volvíamos bacilones sacaba la zapatilla, se ponía en su esquina del sofá, todos sabíamos cual era su esquina del sofá y se respetaba, y si teníamos que huir por la puerta teníamos que pegar el culo a la pared para que no llegara con la zapa...ese estrecho era ¡¡el más temido de todos!!

Recuerdo a mi abuelo haciendo con cuerda el taburete de la cocina, en el que me sentaba a desayunar, o una gran silla cuadrada, en la terraza, trenzaba y pegaba con cola, dibujando una textura similar a los campos arados, lo apretaba, y yo le miraba las manos, arrugadas, con ampollas duras y alguna que otra astilla...¿no te duele abuelo?, le preguntaba...no, esto ya esta duro de trabajar y de la azada...me decía...

Con mi abuelo tengo otros recuerdos, recuerdo los domingos, que nos llevaba a misa, y luego nos daba un paseo hasta el polideportivo, nos cantaba la canción de "todos los patitos", y comíamos chucherías, caminando tras de el, precisamente como patitos...luego llegábamos a casa, los domingos tocaba paella, y la abuela a mi me la sacaba antes, porque me gustaba más blandita y aguada...a las dos comíamos, no había nada más rico que la paella del domingo de mi abuela Tita...

Mi abuelo a veces nos llevaba a por palodú, una raíz de palo dulce que se chupaba y se supone que sabía bien, te dejaba los dientes amarillos pero molaba chuparla...te la pelaba con su navaja inseparable y tu creías que eso era el mejor manjar...casi siempre íbamos a un sitio, no sé si sería el Cerro del Mosquito, ya sabéis... las distancias en coche de pequeños se hacen igual de largas sean cuales sean.

Dicho sitio, tenía un árbol llorón cerca, sus ramas habían formado una cabaña natural en la que nos metíamos para jugar a las casitas, mientras otros cavaban la tierra...íbamos los primos mayores y siempre había algo que hacer, es curioso ver toda la libertad que teníamos entonces, sin miedos a caernos, a clavarnos algo...y ahora con mi hija tengo miedos que no se de donde los he sacado, espero que se vayan y que la permitan ser tan libre como yo me he sentido siempre....

A el Moro le gustaba jugar al dominó, no se cansaba, tenía hasta el cristal de la mesa rayado, y había muchas tardes que nos sentábamos a jugar, una hora de juego caía casi siempre...recuerdo el cris cras al mezclar las fichas, y que me encantaba ganarle (imagino que me dejaba) y me sentía genial al vencer a un mayor.

El Moro también tenía dentadura, le gustaba comer panceta bien frita, y cortaba las cortezas para no comerlas, eso me tocaba a mí, me encantaba quedarme con las cortezas de la panceta, y cuando terminaba su botellín de Mahou, yo lo llevaba a la cocina y de camino me tomaba el último culin de cerveza (no quiero quitar glamour a la historia pero todos sabemos que ese ultimo sorbo no tiene precisamente mucha cerveza que digamos, otra cosa más bien...)

A mi abuelo le gustaba la escarola, muy fuerte con ajo y vinagre (creo que me gusta así por él), el liquido que sobraba, muchas veces le ví que se lo echaba en un vaso, y "pa dentro", eso ya, he sido incapaz de hacerlo, pero reconozco que un barquillo de pan si que he probado mojado en él.

Tirando de memoria, también recuerdo al moro afilando cuchillos y su navaja, con una piedra que teníamos en el armario de la cocina, pesaba un quintal, y cuando me la pedía se liaba ahí zis zas, zis zas y dejaba todo como nuevo.

Mi abuelo el Moro, para mi ha sido un padre más, he tenido la suerte de tener dos padres y dos madres, se fueron, y como siempre pasa, hasta que no lo pierdes no le das el valor a lo que has tenido, he ido muy a mi bola ya de joven, y he vivido poco con ellos cuando ya era adolescente, pero lo que pienso es que gracias a que me cuidaron y que me criaron, gracias a que también me educaron y me aguantaron, tengo miles de recuerdos tan bonitos o más de los que os acabo de contar.


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